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IRTA desarrollará una nueva herramienta para evitar que se tire comida apta para el consumo

El pasado 29 de septiembre se celebró el tercer Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Despilfarro de Alimentos. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “desperdicio alimentario” y por qué es tan importante hacerle frente?

El concepto conocido como “desperdicio alimentario ” se refiere a la disminución en la cantidad o calidad de los alimentos como resultado de las decisiones y acciones de los minoristas, proveedores de servicios alimentarios y consumidores (SOFA, 2019).

Abordar la lacra de la pérdida y el desperdicio de alimentos representa una oportunidad de conseguir un triple beneficio: para el clima, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de nuestros sistemas agroalimentarios. Por tanto, es una batalla a ganar especialmente en el actual contexto de aumento del hambre en el mundo y de alza de los precios de los alimentos.


DATOS TRANSCENDIENTES:

Según el informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) El estado mundial de la agricultura y la alimentación (2019), en torno al 14% de la producción alimentaria mundial (valorada en 400.000 millones de USD anuales) se pierde después de recolectarse y antes de llegar a las tiendas, mientras que el informe sobre el Índice de desperdicio de alimentos del PNUMA muestra que el 17% de nuestros alimentos acaba siendo desperdiciado en la venta al por menor y por los consumidores, especialmente una vez en casa. Según calcula la FAO, los alimentos que se pierden y se desperdician podrían alimentar a 1 260 millones de personas que pasan hambre cada año.

Además, la FAO también alerta de que la pérdida y el desperdicio de alimentos representan además entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, lo que contribuye a un clima inestable y a fenómenos meteorológicos extremos como ahora sequías e inundaciones. Estos cambios repercuten negativamente en el rendimiento de las cosechas, reducen potencialmente la calidad nutricional de los cultivos y provocan perturbaciones en la cadena de suministro. Es decir, que estamos delante de una bola de nieve que se va haciendo mayor ella misma si no ponemos un freno efectivo.


El IRTA aporta luz al problema: proyecto BESTDATE

En un reciente comunicado, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), ha anunciado que ha puesto en marcha el proyecto BESTDATE, que proporcionará una herramienta asequible a las empresas basada en criterios científicos y se prevé que estará disponible en catalán, castellano e inglés en 2024.

IRTA ha detectado que las empresas elaboradoras de alimentos a menudo no disponen de criterios claros ni de una metodología para establecer la fecha de consumo preferente y que la durabilidad establecida en alimentos muchas veces no obedece a criterios científicos.

Maria Dolors Guardia, investigadora del área de Industrias Alimentarias del IRTA y responsable del proyecto explica que «En la definición de la fecha de consumo preferente, en ocasiones, se da prioridad a los requisitos comerciales de la logística y la distribución y no a los científicos, que consideran los factores que determinan la seguridad y calidad de los alimentos durante su vida útil» y añade que «No todos los alimentos caducan; según la normativa vigente, sólo caducan aquellos que pueden contener microorganismos patógenos que durante la vida útil del alimento puedan crecer y/o producir toxinas y, por tanto, pueden suponer un riesgo para la salud del consumidor», recuerda la investigadora. En cuanto a la durabilidad de los productos, ésta debe utilizar una base científica.

Guardia también destaca que si bien en 2020, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) hizo pública una guía con los criterios para establecer la tipología de fecha que corresponde a un alimento, «hay muchas empresas que desconocen o tienen dificultades para interpretarla». A esto hay que añadir que la mayoría de empresas pequeñas catalanas no cuentan con técnicos calificados y/o una infraestructura que les permita establecer la fecha de consumo preferente con criterios objetivos.

El objetivo es que dentro del proyecto BESTDATE haya una herramienta de apoyo en la toma de decisiones disponible online, fácil de utilizar y de carácter interactivo. Basada en el árbol de decisiones de la guía de la EFSA, integrará los criterios y los factores que determinan la fecha de marcado que debe llevar un alimento, y aportará los criterios científicos sobre los que decidir si un producto debe llevar fecha de caducidad ―por las implicaciones en seguridad alimentaria― o si, por el contrario, la fecha apropiada es la de consumo preferente. Además, se facilitará a las empresas del sector alimentario una guía metodológica para realizar los estudios que permitan establecer la fecha de consumo preferente a partir de la identificación de los factores que limitan la calidad del producto y de los parámetros para monitorizar su calidad durante la vida útil mediante las analíticas físico-químicas o sensoriales correspondientes.

Guardia explica que “muchas de las herramientas de esta guía estarán basadas en el análisis sensorial y harán que sea más sencillo establecer la fecha en la que el consumidor ya no acepta la calidad sensorial del producto mediante criterios científico-técnicos”.


Fecha de caducidad vs. de consumo preferente

La mayoría de productos microbiológicamente muy perecederos (que tienen caducidad) o frescos como son la carne, el pescado o la leche fresca, tienen fecha de caducidad. Esto significa que si se consumen pasada esa fecha, pueden suponer un peligro inmediato para la salud de la persona que los consume. En cambio, otros productos no perecederos como las legumbres secas, la pasta seca, las conservas o las galletas tienen fecha de consumo preferente, que es la fecha hasta la que el alimento mantiene sus propiedades específicas cuando se almacena de forma correcta. Es decir, se pueden consumir una vez rebasada la fecha y siguen siendo seguros para el consumo, y sólo puede verse afectada su calidad sensorial.

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